La densidad ósea y la capacidad del cuerpo para regenerar hueso son importantes para quienes se recuperan de lesiones. También son importantes para todos a medida que envejecemos, ya que nuestros huesos tienden a debilitarse progresivamente con el tiempo, aumentando el riesgo de fracturas. Los beneficios de la luz roja e infrarroja para la regeneración ósea están ampliamente documentados y se han demostrado en numerosos estudios de laboratorio.
En 2013, investigadores de São Paulo, Brasil, estudiaron los efectos de la luz roja e infrarroja en la curación de huesos de ratas. Primero, se cortó un trozo de hueso de la parte superior de la pierna (osteotomía) de 45 ratas, que luego se dividieron en tres grupos: el grupo 1 no recibió luz, al grupo 2 se le administró luz roja (660-690 nm) y el grupo 3 fue expuesto a luz infrarroja (790-830 nm).
El estudio halló “un aumento significativo en el grado de mineralización (nivel de gris) en ambos grupos tratados con láser después de 7 días” y, curiosamente, “después de 14 días, solo el grupo tratado con terapia láser en el espectro infrarrojo mostró una mayor densidad ósea”.
Conclusión del estudio de 2003: “Concluimos que la terapia con láser de baja intensidad tuvo un efecto positivo en la reparación de defectos óseos implantados con hueso bovino inorgánico.”
Conclusión del estudio de 2006: “Los resultados de nuestros estudios y de otros indican que el hueso irradiado principalmente con longitudes de onda infrarrojas (IR) muestra una mayor proliferación osteoblástica, deposición de colágeno y neoformación ósea en comparación con el hueso no irradiado.”
Conclusión de un estudio de 2008: "El uso de la tecnología láser se ha empleado para mejorar los resultados clínicos de las cirugías óseas y para promover un período postoperatorio más cómodo y una curación más rápida".
La terapia con luz infrarroja y roja puede ser utilizada de forma segura por cualquier persona que se fracture un hueso o sufra cualquier tipo de lesión para mejorar la velocidad y la calidad de la curación.
